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Privacidad

Sharenting: lo que las últimas encuestas dicen sobre la exposición de los niños en internet

foto de una madre haciendo una foto a su bebe para subirla a redes sociales

23 de julio de 2026

Compartir una foto de tus hijos en el grupo de WhatsApp de la familia parece el gesto más inocente del mundo. Y sin embargo, las encuestas más recientes muestran algo curioso: casi todos los padres lo hacen, y casi todos los padres están preocupados por hacerlo. Ese es el corazón del sharenting, el término que describe la práctica de publicar fotos, vídeos e información de menores en redes sociales.

Una práctica extendida... y una preocupación que crece al mismo ritmo

En España, un estudio reciente de Kaspersky sobre privacidad infantil y convivencia familiar en la era digital encontró que un 47% de los padres ha publicado fotos de sus hijos en redes, una cifra que se dispara todavía más en verano, cuando los viajes y las vacaciones multiplican las ganas de compartir. WhatsApp es, con diferencia, el canal preferido (casi la mitad de los padres lo usa para esto), por delante de Facebook e Instagram.

Lo interesante —y lo que realmente cuenta la historia— es la brecha entre lo que los padres sienten y lo que hacen. Más del 86% reconoce que le preocupa que esas fotos terminen en manos de terceros, y más de la mitad admite que publicarlas conlleva cierto peligro. Aun así, casi 6 de cada 10 padres suben imágenes donde se ve la cara del menor sin ningún tipo de edición.

Los miedos más repetidos por las familias encuestadas son bastante concretos:

  • Uso indebido por terceros (casi 2 de cada 3 padres lo señala)
  • La huella digital involuntaria que se construye sin que el niño haya podido opinar (más de la mitad)
  • El acoso escolar derivado de contenido compartido (la mitad de los encuestados)

Otras encuestas europeas, como la de EU Kids Online, sitúan en un 89% el porcentaje de familias que publica contenido de sus hijos al menos una vez al mes. Y un estudio de la firma AVG en diez países —incluida España— reveló algo que sorprende cada vez que se repite: 1 de cada 4 niños tiene presencia en internet incluso antes de nacer, gracias a las ecografías que sus padres comparten durante el embarazo. Al llegar a los seis meses de vida, esa cifra sube al 81%.

En México y Latinoamérica, el patrón se repite

Los datos de la región muestran una tendencia muy similar. Según cifras recogidas por el INAI mexicano, alrededor de la mitad de los niños y adolescentes del país tiene ya un perfil en redes sociales, y una parte importante de esas cuentas se crea sin ningún tipo de acompañamiento por parte de madres, padres o tutores.

Un estudio más amplio citado por medios latinoamericanos encontró que 3 de cada 4 padres encuestados publica contenido sobre sus hijos en internet, muchas veces sin ser plenamente conscientes de los riesgos asociados: robo de identidad, pérdida de control sobre la propia imagen y, en los casos más graves, explotación. Investigaciones académicas en países como Ecuador apuntan en la misma dirección: cerca del 75% de los padres reconoce practicar sharenting, motivado sobre todo por el deseo de mantenerse cerca de familiares y amigos a pesar de la distancia.

La verdadera paradoja del sharenting

Si algo queda claro al mirar todas estas encuestas juntas, es que el problema no es de intención. Los padres no comparten fotos de sus hijos para exponerlos: comparten para celebrar, para sentirse acompañados, para no perderse ningún momento importante de su crecimiento. El motivo número uno declarado en la mayoría de estudios es, sencillamente, compartir momentos con la familia y los amigos.

El problema es que esa intención bien intencionada choca con una realidad técnica: una vez publicado, un contenido deja de estar bajo el control de quien lo subió. Circula, se guarda, se replica. Y el protagonista de esas fotos —el niño— crece sin haber podido decidir nada al respecto.

¿Qué pueden hacer las familias?

Las recomendaciones que se repiten en la mayoría de estudios y organismos (desde la Policía Nacional española hasta UNICEF) son bastante consistentes:

  • Pensar antes de publicar: ¿esta foto podría incomodar a mi hijo dentro de diez años?
  • Cuidar la configuración de privacidad de las cuentas donde se comparte contenido familiar.
  • Evitar datos que revelen ubicaciones o rutinas (el colegio, la calle donde se vive, los horarios habituales).
  • Involucrar a los hijos en la decisión a medida que crecen y pueden opinar sobre su propia imagen.
  • Elegir espacios pensados para la familia, no para la exposición pública.

Este último punto es, en el fondo, la razón de ser de Apps como ēllu: crear un espacio de confianza donde las familias puedan acompañarse y sentirse cerca , sin necesidad de convertir cada momento cotidiano en contenido público. La tranquilidad no tiene por qué pasar por la exposición.